martes, 15 de julio de 2014

Retos y Dificultades: Oportunidades para el crecimiento interior


Todos nosotros, en mayor o menor grado, estamos pasando por pruebas y desafíos.
Esto hace parte del plan trazado para la evolución planetaria, y a cada uno le afecta en aquella área de su vida que necesita una sanación, o un re-equilibrio.
Para muchos estas sacudidas y retos se manifiestan en las relaciones afectivas: parejas que se separan, un profundo sentimiento de soledad, o encuentros con nuevas personas que desafían y cuestionan nuestra antigua manera de relacionarnos.
Para muchos otros -quizás la gran mayoría-, los golpes y sobresaltos llegan en el aspecto económico: pérdida súbita del empleo, un dinero con el cual contábamos que no llega, disolución de sociedades, proyectos frustrados… Un verdadero arsenal de situaciones que nos pueden llevar con facilidad a sentir miedo, o incluso pánico.
¿Cómo pasar por todo esto y mantenernos confiados, serenos, y centrados? Ese es el reto, y hoy comparto algunas sugerencias que, si son llevadas a la práctica, dan excelentes resultados:
-Expresa de inmediato, y de preferencia solas, las emociones que sientas. Llora, grita, golpea un cojín con los puños si sientes frustración y enfado. Pero hazlo sólo durante veinte minutos, y enseguida haz algo que te haga sentir bien: darte una buena ducha, bailar, salir a dar un paseo, conectar con la naturaleza, escuchar música agradable… Haz cualquier cosa que te ayude a elevar tu energía, a sentir bienestar y paz.
-En cuanto hayas puesto en práctica lo anterior, siéntate cómodamente, cierra los ojos y medita. Siente tu cuerpo, presta atención a tu respiración -¡respira!-, y lleva toda tu atención al momento presente. Escucha los sonidos que te rodean, siente la vida fluyendo dentro y fuera de ti.
Los pensamientos pasarán por tu mente, pero no te aferres a ellos. Simplemente permite que lleguen, pasen y se vayan, mientras tú les observas. Tú no eres tu mente, tú no eres esos pensamientos. Tú eres la consciencia que puede observarlos y no hacerles caso.
-En ese espacio de paz, confía. Recuerda que estás en los brazos de Dios o en manos del universo, que él tiene un plan para ti, y que te Ama.
Si estás pasando por ese desafío, es porque tú puedes con ello, tú tienes los recursos internos necesarios para superarlos, y aprender algo valioso de ello.
-Recuerda otros momentos de tu vida en los cuales pasaste por situaciones difíciles. Y reconoce la verdad: ¡has superado aquello, has sobrevivido, tu vida siguió adelante!
Del mismo modo sucederá con el reto que tienes que enfrentar ahora. No lo dudes, pues la duda quita poder y fuerza. Confía.
-Siente Amor y gratitud por todo lo que sí tienes, y por todo lo que marcha bien. No te centres en el “problema”, sino en todo lo que fluye y sí funciona para ti.
La gratitud expande el corazón, y envuelve con Amor a todas las áreas de tu vida, incluso aquellas que parecen ser conflictivas.
-Mantente abierto y receptivo. Si lo haces, te sorprenderás al ver cuánto Amor hay disponible para ti, siempre.
De repente alguien te ofrece un nuevo empleo, o la posibilidad de emprender un negocio. O conoces a alguien que resulta ser aquella amiga con la que has soñado siempre. O se te ocurre una idea maravillosa, y te llega la oportunidad de poder ponerla en práctica…
El universo siempre nos ofrece una cantidad ilimitada de oportunidades, pero hay que estar alerta y abierto para poder recibirlas.
-Recuerda que estamos aquí, en estos tiempos, para recordar todo el Amor que somos, y el reto ahora es poder sentirlo siempre, más allá de los eventos externos de nuestras vidas.
Paco García

viernes, 20 de enero de 2012

Recupera tu Poder

Recupera tu Poder

de Biodharma Elda Psicoterapia-Salud Natural, el Viernes, 20 de enero de 2012 a la(s) 19:06
En estos momentos de grandes cambios, uno de los retos más importantes que todos tenemos que enfrentar es la recuperación de nuestro poder.
 
Un ser sabio que conocí hace tiempo, define el poder como la capacidad de actuar.
¡Una definición bien distinta a la que estamos acostumbrados!
 
Desde pequeños nos han enseñado a delegar nuestro poder a los demás. Pero ahora todos sentimos, en mayor o menor medida, una presión interna para recuperar nuestra innata capacidad de actuar. Cada vez son más las personas que dejan sus empleos fijos y estables para lanzarse a hacer aquello que de verdad les realiza. Y a cada día más gente descubre dones que tenía escondidos, esperando ser revelados para así poder vivir una vida más plena y significativa.
 
Si te sientes insatisfecho o deprimido, y observas que te estás quejando de algo, quizás haya llegado el momento de que recuperes tu poder.
 
Sé honesto contigo mismo y fíjate en qué área de tu vida te encuentras estancado. Puede ser a nivel físico, y quizás necesites cambiar tu dieta o comenzar a hacer ejercicio.
Tal vez sea tu relación afectiva la que te esté llevando a ese estado, y a veces basta con recuperar la espontaneidad, o romper con ciertas rutinas.
 
Pero otras veces será necesario pensar en un cambio, y si sigues con tu pareja apenas por comodidad o seguridad, no serás feliz. Si te amas a ti mismo, tendrás que hacer algo al respecto.
Si no tienes pareja y esto te entristece, tal vez tengas que amarte más a ti mismo y aprender a disfrutar de tu propia compañía.
 
El miedo a la falta de dinero te puede llevar a seguir durante años haciendo un trabajo que no te aporta realización personal. Pero si te dedicas al estudio de la ley de atracción, verás que es mucho más factible que seas próspero haciendo aquello que realmente te gusta.
Recuperar el poder puede consistir en cambiar ciertos hábitos o superar ciertas limitaciones. Si sueles guardar tu opinión por miedo de ser juzgado, por ejemplo, quizás la recuperación de tu poder consista en comenzar a decir tu verdad siempre, sin importarte lo que los demás dirán o pensarán. Un simple cambio como este puede ayudarte a sentirte mucho más poderoso de lo que imaginas.
 
¿Qué simple acción pondrás en marcha hoy para sentirte más vivo y poderoso?
 
Fran
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B I O D H A R M A
Salud Natural ®
Pureza-Verdad-Amor 
Centro Clínico Alternativo
Escuela para la Autorrealización
PSICOTERAPIA, NATUROPATÍA, CRECIMIENTO PERSONAL
c/ Ortega y Gasset, 13 Bajo Izqda. ELDA Teléfono: 615 080 467   (Pedir cita Previa)

domingo, 30 de octubre de 2011

CURSO-TALLER Autoestima y Autosuperación: Técnicas para su mejora

B I O D H A R M A
   Salud Natural ®

 Presenta:

CURSO-TALLER

Autoestima y Autosuperación: Técnicas para su mejora


Fechas Sesiones Curso: 2011 =  Viernes  28/10, 04/11, 25/11, 02/12, 09/12, 16/12
                                         2012 =  (por determinar)
Hora:   17:00
Duración de la sesión: 120 minutos
Precio de la sesión: Donación voluntaria, a criterio del cliente, a sus posibilidades y grado de satisfacción. Parte de los ingresos irán destinados a varias ONG,s  con  las que colaboramos como socios: (Médicos sin Fronteras, Intermon Oxfam, Aldeas Infantiles), una vez  cubiertos los gastos generales  y mantenimiento de las instalaciones.
  • (Los interesados se podrán incorporar al curso, así  como abandonarlo, cuando cada cual considere oportuno.)

LA AUTOESTIMA

Las creencias que tenemos acerca de nosotros mismos, aquellas cualidades, capacidades, modos de sentir o de pensar que nos atribuimos, conforman nuestra “imagen personal” o “autoimagen”. La “autoestima” es la valoración que hacemos de nosotros mismos sobre la base de las sensaciones y experiencias que hemos ido incorporando a lo largo de la vida. Nos sentimos listos o tontos, capaces o incapaces, nos gustamos o no. Esta autovaloración es muy importante, dado que de ella dependen en gran parte la realización de nuestro potencial personal y nuestros logros en la vida. De este modo, las personas que se sienten bien consigo mismas, que tienen una buena autoestima, son capaces de enfrentarse y resolver los retos y las responsabilidades que la vida plantea. Por el contrario, los que tienen una autoestima baja suelen autolimitarse y fracasar.


B I O D H A R M A
Salud Natural ®
Pureza-Verdad-Amor
Centro Terapéutico Alternativo
Escuela de Autorrealización
PSICOTERAPIA, NATUROPATÍA, AUTORREALIZACION
c/ Ortega y Gasset, 13 Bajo Izqda. ELDA Teléfono: 615 080 467   (Pedir cita Previa)

domingo, 14 de agosto de 2011

Las Leyes Espirituales - Introducción -



Siempre me he hecho muchas preguntas, preguntas muy profundas.
Son preguntas de esas que se llaman existenciales. Siempre he querido saber el motivo de mi vida, de la vida de todos nosotros. ¿Quién soy yo? ¿Por qué existo? ¿Por qué existen los demás? ¿Qué hacemos aquí? ¿Hemos venido hacer algo en particular? ¿Por qué nacemos, por qué nos morimos? ¿De dónde venimos, adonde vamos? ¿Hay algo después de la muerte?
Y ahí no acababa todo. Otras veces intentaba buscar la respuesta al gran número de injusticias que veo en el mundo.
¿Por qué la vida es tan injusta? ¿Por qué hay niños que desde su nacimiento, que en su vida han hecho daño a nadie, sufren tan atrozmente, por hambre, guerra, miseria, enfermedades, abusos, malos tratos, porque no los quiere nadie, mientras otros nacen sanos, en un entorno feliz y son amados? ¿Y por qué unas personas enferman y otras no? ¿Por qué unas personas viven mucho tiempo y otras mueren casi al nacer? ¿Por qué existe el sufrimiento, la maldad? ¿Por qué hay gente buena y gente mala, gente feliz y gente desgraciada? ¿Por qué he nacido en esta familia y no en otra? ¿Por qué me pasan estas desgracias a mí y no a otra persona? ¿Por qué le pasa tal otra desgracia a otra persona y no a mí? ¿De qué depende todo eso?
Otras veces eran preguntas respecto a los sentimientos.
¿Por qué no soy feliz? ¿Por qué quiero ser feliz? ¿Cómo puedo ser feliz? ¿Encontraré un amor que me haga feliz? ¿Qué es el amor, qué son los sentimientos? ¿Qué es lo que yo siento? ¿Merece la pena amar? ¿Sufrimos más cuando amamos o cuando no amamos?
Supongo que tú, en algún momento de tu vida, también te las habrás hecho o te las sigues haciendo de vez en cuando. Pero como estamos tan entretenidos en nuestro día a día cotidiano, son pocos los momentos en los que nos las planteamos conscientemente y poco el tiempo que dedicamos a intentar resolverlas. Tenemos muchas obligaciones, tenemos muchas distracciones. Y como aparentemente no encontramos la respuesta y el buscarla nos hace sentirnos inquietos, preferimos dejarlas aparcadas en un rincón en nuestro interior, tal vez creyendo que así sufriremos menos.
¿Existe una respuesta a cada una de estas preguntas? Pero no busco una respuesta cualquiera, sino una respuesta que sea verdadera. ¿Existe una verdad? ¿Cuál es la verdad? ¿Dónde buscar la verdad? ¿Cómo reconocer la verdad?
Yo siempre he sido una persona escéptica, incrédula, pero al mismo tiempo abierta a investigar. Me ha gustado comprobar las cosas por mí mismo. Te
aseguro que he buscado durante mucho tiempo la respuesta en lo que se nos ha enseñado desde pequeños: las Religiones, la Filosofía, la Ciencia. Cada una tenía su cosmogonía particular, una forma de entender el mundo. Pero siempre parecía haber un límite, tanto en las religiones como en la ciencia, para explicar la realidad tal y como yo la percibía. Siempre he encontrado respuestas incompletas, incoherentes unas con otras, alejadas de la realidad, que seguían sin responder satisfactoriamente a mis preguntas. Por mucho que intentara profundizar, al final encontraba un muro infranqueable, la respuesta final que obstaculizaba mis deseos de indagar más y más.
La respuesta final que obtenía de la religión era, más o menos, esta: "Es la voluntad de Dios. Sólo él lo sabe. Nosotros no lo podemos comprender". Es decir, que no podemos comprender por qué unos nacen en circunstancias más o menos favorables, por qué unos enferman y otros no, por qué unos mueren antes y otros después. No podemos comprender qué es lo que pasa después de la muerte, por qué te ha tocado vivir con esta familia y no en otra, por qué en este mundo, por qué permite Dios que haya injusticias en el mundo etc., etc.
La respuesta final que obtenía de la ciencia era más o menos esta: hay una explicación física para todo, pero a nivel filosófico, las respuestas a casi todo son: "Es fruto de la casualidad" o "no puede demostrarse científicamente que tal o cual cosa exista o no". Es decir, no hay una razón por la cual existes, no hay un motivo particular por el que vivir. Si naces en las circunstancias en las que naces, más o menos favorables, es por azar. Si te toca estar enfermo o sano de nacimiento, nacer en una familia u otra, morirte antes o después, y no a otro, es por azar. No se puede demostrar científicamente que exista la vida antes del nacimiento, ni la vida después de la muerte. No se puede demostrar científicamente que exista Dios, etc.
La mayoría de gente se posiciona en esas respuestas aprendidas y cuando quieres hablar con alguien sobre estos temas, los que son creyentes de la religión te responden más o menos en estos términos: "Es la voluntad de Dios. Sólo él lo sabe. Nosotros no lo podemos comprender." Y los que se han posicionado como cientificistas o creyentes de la ciencia, que creen saber más que los del primer grupo, te dicen: "Es fruto de la casualidad" o "no puede demostrarse científicamente".
Había otro tercer grupo de gente que me respondía: "Mira. No lo sé. No sé cuales son las respuestas a tus preguntas, pero no estoy interesado ni en pregúntarmelas ni en responderlas."
Y cuando les respondo a todos: "Lo siento pero esas respuestas no me sirven. No me sirven porque no responden a mis preguntas", los primeros me dicen: "Es por falta de fe. Cuando tengas fe no te hará falta saber más". Los segundos me dicen: "Es porque te falta instrucción. La Ciencia te dará la respuesta y verás que es la que yo te digo: "que está demostrado científicamente que no se puede demostrar científicamente". Los terceros me dicen: "Tengo una hipoteca que pagar, una familia que mantener, un coche que pagar, un fin de semana para irme de viaje. No me calientes la cabeza con esos temas porque ya tengo algo en lo que ocuparme."
A los primeros les responderé que no puedo renunciar a intentar responder a mis preguntas. Creo que la única manera de renunciar es anular mi voluntad, y no estoy dispuesto a hacerlo. A los segundos les diré que no es por falta de instrucción. He tenido esa instrucción. Soy Doctor en Ciencias Químicas y jamás he llegado a la conclusión de que tenga que ponerme barreras a la exploración, que haya campos que no pueda explorar, sólo porque no tenga un aparato para medirlo. Me tengo a mí mismo, me gastaré de aparato de mí mismo. Lo que yo perciba y sienta lo tendré tan en cuenta como si lo midiera un sofisticado aparato, y asumiré que los demás también son aparatos de sí mismos. Y si hay algo que no soy capaz de detectar con mi aparato, les preguntaré a ellos qué han podido captar con sus aparatos vivientes, para ver si me sirve. A los terceros no les diré nada, porque no están ahí para escucharme.
Con todo esto no quiero decir que no haya encontrado cosas que me hayan llamado la atención y que me hayan servido en mi búsqueda de respuestas, pero ha sido más bien fuera de la oficialidad donde he encontrado las pistas. Precisamente eran las vivencias de otras personas las que más me interesaban. Eran cosas que te permitían explorar por ti mismo. Si otro lo había podido hacer antes que yo, tal vez yo también lo pudiera hacer. Dos cosas me llamaron especialmente la atención. Los viajes astrales y la vida de un tal Jesús de Nazaret. Os suena este nombre ¿no? Ya no estoy hablando de lo que la Iglesia dice de él. Me he documentado mucho, de muchas fuentes, oficiales y no oficiales, religiosas y laicas. Pero hay dos cosas en las que casi todas coinciden: que este hombre existió realmente y que lo que dijo e hizo causó un gran impacto en la humanidad. ¿Qué es lo que me llamó la atención? Pues su mensaje, "ama a tu enemigo, ama a cualquiera". No me diréis que en un mundo en el que las personas y los pueblos estaban en constantes luchas entre sí por casi cualquier motivo (casi como ahora), donde los dioses de todas las religiones se utilizaban para justificar cualquier propósito de conquista y guerra, el que aparezca alguien con ese mensaje tan a contracorriente de todos no resulta llamativo. No sólo eso sino que además lo cumple con su ejemplo. O sea que no lo decía sólo "de boquilla", como estamos acostumbrados de nuestros políticos, que te prometen el oro y el moro y luego hacen lo contrario de lo que dicen. Pero claro, ¡se ha escrito tanto y tanto de él, después de él, por otra gente que no fue él, y que ni siquiera convivió con él! ¿Cómo saber lo que pasó realmente? ¿Qué es lo que dijo y lo que no dijo? Eso me intrigaba.
Dejo aparcado por ahora el tema de Jesús que, como veréis, surgirá de nuevo más adelante, y hablaré ahora acerca de los viajes astrales. Lo encontré en varios libros de varios autores. Estos afirmaban que uno mismo, mediante ciertas técnicas de relajación puede conseguir separarse de su cuerpo. Eso es un viaje astral. Separarte de tu cuerpo. Increíble ¿no? No sólo me llamó la atención el hecho en sí de poder separarse del cuerpo. Los que lo habían conseguido afirmaban además que en ese estado podían realizar cosas asombrosas, como poder atravesar la materia o viajar casi instantáneamente a donde el pensamiento quisiera. Y no sólo eso. Se encontraban como en un estado expandido de conciencia en el que comprendían claramente el propósito de la vida y de lo que hacemos en este mundo. Esto último me interesaba, me interesa mucho. Tal vez era la clave para encontrar las repuestas a mis preguntas. No tenía mucho que perder. Pensé: "Lo peor que puede pasarme es que no ocurra nada." Así que me puse manos a la obra. Todas las noches, antes de irme a dormir practicaba el ejercicio de relajación. Así lo hice durante un mes sin que ocurriera nada, quiero decir sin que consiguiera separarme del cuerpo. Pero no es que no sintiera nada con la relajación. Me gustaba. Lo que habitualmente sentía era una vibración en la planta de los pies y luego esta vibración subía hasta las piernas hasta el punto de que dejaba de notarlas.
Un día esa vibración fue subiendo hacia arriba, más allá de las piernas, al tronco, el cuello, la cabeza. Llegado un momento, yo ya no sentía mi cuerpo. Sólo una vibración muy intensa y agradable. Y entonces ocurrió. ¡Plof! De repente sentí como si me proyectara rápidamente por un túnel a gran velocidad. Era una sensación increíble. No tengo palabras para describirla. En cuestión de segundos sentí como si hubiera viajado miles de millones de kilómetros a una velocidad vertiginosa, pero sin sentir ningún tipo de mareo ni malestar. Poco a poco mi velocidad fue disminuyendo y pude ver dónde me encontraba. Era un lugar increíble, parecía como sacado de un cuento de hadas. Había un lago rodeado de una naturaleza bellísima, la cual no tengo palabras para describir. Todo, la luz, los colores, lo aromas, los sonidos, todo, absolutamente todo, era embriagador. Y yo lo sentía tan intensamente como si formara parte de ello. Se respiraba una paz indescriptible. Yo estaba tan alucinado de todo lo que estaba viviendo y sintiendo que no podía pararme a pensar. Entonces es cuando sentí que no estaba solo. Había alguien sentado en una piedra, cerca del agua. Me quise acercar a él y, no sé cómo, llegué enseguida donde él se encontraba. Parecía que, en aquel estado, con sólo querer y pensar las cosas, ocurrían. Sentí que él me estaba esperando y no se sorprendió en absoluto de verme. Era un señor mayor, con el pelo y la barba largos y totalmente blancos, pero no parecía tener ninguno de los achaques de la edad que estamos acostumbrados a ver en los ancianos. Llevaba una especie de túnica blanca acordada en la cintura. Pero eso no era lo que más llamaba la atención de él. Lo que llamaba la atención era su mirada, una mirada tan maravillosa que creo jamás veré en este mundo. Tan dulce, tan penetrante, tan limpia, que me transmitía una sensación de tranquilidad y paz indescriptibles. Os puede parecer raro pero me sentía como si aquel anciano desconocido me traspasara de amor con su mirada hasta el punto que ya ni se me ocurría pensar en lo extraño de aquella situación de tan a gusto que me encontraba.
A partir de ahora intentaré reproducir el dialogo que tuvimos, tanto el de aquella primera vez, como el de los sucesivos encuentros que tuve con aquel anciano maravilloso, que respondía al nombre de Isaías. Aquellos diálogos que tanto me han aportado, que me han cambiado tanto la vida, tan profundamente y para mejor, mucho mejor y que quiero compartir con vosotros con el mínimo de interrupciones posibles, porque prefiero que sea de sus propias palabras, no de mis interpretaciones ni impresiones, que vosotros saquéis vuestras propias conclusiones.